Para obtener una buena fotografía uno de los factores con los que debemos jugar es el enfoque. De él depende que una imagen aparezca perfectamente nítida o simplemente se perciba como un borrón sin formas distinguibles.

En las cámaras digitales, sobre todo, si tenemos una con un par de años, se necesita un tiempo mayor para arrancar, enfocar y disparar, que en las tradicionales cámaras analógicas. Por ello no suele ser tarea fácil captar un objeto con una nitidez aceptable cuando éste se encuentra en movimiento. Sin embargo, hay algunos truquillos que pueden ayudarnos.

Enfocar al infinito
A la hora de tomar la imagen de un objeto que está suficientemente alejado es recomendable enfocar al infinito. Así vamos a conseguir que el sistema de enfoque no repare en elementos que puedan estar más próximos a la cámara y fije el foco automáticamente en ellos, dejando nuestro motivo en movimiento desenfocado.

Ajuste manual del foco
Otro truco interesante es enfocar a alguno de los objetos estáticos que esté a próximo algún punto por el que va a pasar nuestro “motivo móvil”. Lo idóneo es enfocar y mantener el enfoque, presionando con el botón de disparo hasta la mitad. Simplemente esperamos con la cámara quieta a que pase lo que queremos fotografiar y disparamos.

Hay que tener en cuenta que si este objeto se mueve a gran velocidad lo mejor sería disparar un poco antes de que llegara a dicho punto, puesto que como comentábamos en las cámaras digitales el disparo se efectúa con algo de retardo.

Disparo en ráfaga
Si hacemos disparos múltiples nos garantizamos que algunas de las fotos puede salir bien, puesto que cuando tenemos un motivo en movimiento su captación puede ser algo imprevisible. Para ello pondremos el disparador en modo ráfaga para aumentar la probabilidad de tener al menos alguna toma en foco.

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