Cuando una puerta se cierra se abre una ventana. Y cuando se cierra una ventana se abre una puerta. En este caso, es hoy cuando, quizás dentro de unos minutos, Billy Gates esté cerrando por última vez la ventana del navegador del PC (que no Mac) de su despacho antes de apagarlo, mientras la puerta de Microsoft se va abriendo para él. La de la calle, se entiende.

En treintaytres años Cristo creaba el germen de una nueva religión, los mismos que ha empleado Gates en crear lo que sin llegar a ser una religión, sí ha conseguido hacerse con millones de "fieles". Comparaciones blasfemas aparte, el fundador de Microsoft "cuelga los hábitos" para centrarse en labores filantrópicas, en concreto las de la Fundación Bill y Melinda Gates, dedicada a reequilibrar oportunidades en salud y educación a nivel global.

Billy deja a partir de hoy el timón de su nave "hacedinero" a Steve Balmer, una retirada anunciada hace un par de años, pero no renuncia a su puesto como presidente del consejo de administración y a pasarse por su "garito" un día por semana. Alguien tenía que regar las plantas y velar desde lejos porque éstas no dejen de crecer.

Tan querido como odiado, tan admirado como criticado, tan…polémico en definitiva, no cabe duda que Billy ha marcado una época no sólo en su empresa, sino en todo el mundo empresarial y tecnológico de las últimas tres décadas. Sin duda su adiós será un cambio de aires para la compañía creadora de los PC´s.

Gates suspira, echa un último vistazo y se dispone a salir de su despacho, llevando sus cosas en un par de cajas. Ballmer está plantado en el quicio de la puerta: "Abre las ventanas, Bill. Que corra el aire. Deja que esto se ventile".


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