Guía de compra para discos duros externos e internos

Dicen que el saber no ocupa lugar, pero lo cierto es que cuando se trata de almacenar archivos en un disco duro, esta frase popular no se cumple. Guardar datos, ya se trate de fotos, películas o documentos ocupa espacio y, si queremos conservarlos a lo largo del tiempo, necesitaremos una unidad de almacenamiento.

Existen muchas formas de almacenar pero una de las mejores opciones es recurrir a los discos duros. Ya sean de sobremesa, portátiles o multimedia, son dispositivos relativamente pequeños donde podemos guardar todo tipo de datos sin preocuparnos de perderlos porque se estropee el ordenador y, además, nos permite desplazarlos con facilidad de un lado a otro. Aunque no por ello hay que olvidarse de los discos duros internos.

Dentro de este mercado hay muchas opciones donde elegir, por lo que saber qué disco duro nos conviene en función de nuestras necesidades es fundamental. Para facilitaros esta tarea hemos creado esta guía de compra con las claves que tenéis que tener en cuenta a la hora de comprar uno de estos dispositivos, porque, como veréis a continuación, estamos ante algo más que unidades para almacenar datos.

Tipo de almacenamiento: disco duro mecánico o memoria sólida SSD

A día de hoy, el formato predominante en los discos duros portátiles han sido los discos mecánicos, que durante décadas fueron la principal forma de almacenamiento en la informática moderna. Este tipo de discos duros son más económicos y tienen una buena velocidad de transmisión de datos. El problema que presentan es que al tener piezas mecánicas, si el dispositivo recibe un golpe puede romperse y quedar inutilizado, aunque las carcasas vienen ya preparadas para este tipo de accidentes. A su favor tienen además una mayor capacidad de almacenamiento.

Por otro lado, tenemos los SSD o unidades de estado sólido. Un formato que de momento se usa principalmente como unidad interna y donde algunos fabricantes como Samsung ya están apostando fuerte. Este tipo de discos duros destaca por no tener piezas mecánicas por lo que son menos susceptibles de romperse. Además, son más silenciosos y mucho más rápidos a la hora de transmitir datos, por lo que resultan ideales para usarlos como unidad de arranque. El problema es que a día de hoy no ofrecen una capacidad de almacenamiento similar a los discos mecánicos y su precio es más elevado.

Espacio de almacenamiento: de los 500 GB a los 2 TB

En cuanto a la capacidad de almacenamiento, podríamos aplicar el axioma de “cuanto más grande mejor” pero nos equivocaríamos. Es bueno saber para qué vamos a utilizar nuestro disco duro y si necesitamos realmente o no tanto espacio. ¿Vamos a almacenar datos como fotografías o películas de forma permanente? Entonces nos conviene un dispositivo de 1TB o 2 TB. ¿Vamos a mover datos de un sitio a otro como si se tratara de una especie de pendrive? Quizá nos convenga un disco un poco más pequeño de 500 GB o más.

Muchos ya estamos familiarizados con la jerga informática y sabemos cuánto es un GB pero ¿sabemos cuánto es un TB? Para quien no lo sepa, recordarle que estamos hablando de un TeraByte, o lo que es lo mismo, 1000 GB. Es decir: más de 250.000 canciones en buena calidad, más de 300 episodios de nuestras series favoritas… Por eso, si vamos a ir almacenando archivos como si fuera una biblioteca, quizá nos convenga una capacidad de esta magnitud. Si vamos a mover datos, eliminarlos y volver a copiar otros, seguro que nos conviene algo más pequeño.

Capacidades multimedia: reproducción de vídeos y contenidos en la red

Cuando aparecieron los primeros discos duros externos fueron concebidos como una mera unidad de almacenamiento adicional para los ordenadores. Sin embargo, algunos fabricantes han sabido ir más allá de esta idea y han introducido capacidades multimedia para que, instalados en un monitor o televisión, podamos reproducir música, series o películas.

Si buscamos un disco duro para utilizarlo con este propósito, nos conviene mirar dos cosas. Por un lado la compatibilidad: qué tipo de archivos abre, qué codecs de vídeo soporta… Por lo general, la mayoría son bastante versátiles y algunos ya incluyen compatibilidad con formatos como el mkv, enfocados al vídeo en alta definición. Por otro lado es bueno saber qué tipo de conexión tiene: HDMI, VGA, Componentes, etc. Tenemos que asegurarnos que el disco duro y las pantallas a donde vayamos a conectarlos sean compatibles.

¿Qué diferencia hay entre conectar por HDMI y VGA? Fundamentalmente, la calidad de imagen. Mientras que el VGA utiliza una conexión analógica, el HDMI es digital y por tanto la calidad de la señal mucho mayor. Con el HDMI podremos ver archivos en alta definición (720p, 1080i y 1080p) sin ningún problema. En cambio, si vamos a conectar un disco duro a una tele CRT, quizá nos convenga más una conexión VGA.

Algunos discos duros han decidido ir un poco más allá y, además de ofrecer estas capacidades multimedia, se animan e introducen Internet para convertir nuestra tele en una especie de Smart TV, o nos ofrecen la posibilidad de grabar archivos de la TDT o el servicio de cable que tengamos contratado. Si sólo vamos a usar nuestro disco duro para almacenar archivos y estas opciones no nos llaman la atención, es mejor que nos olvidemos de este pequeño sector multimedia.

Alimentación externa o conexión directa por USB

Otro punto donde conviene fijarse es en la fuente de alimentación. Por un lado tenemos discos duros que vienen con una fuente externa. Es decir, un aparato más en la mesa… y otro conector más en el enchufe. Lo bueno de este tipo de modelos es que generalmente ofrecen una mayor capacidad y su precio es algo más económico.

Por otro lado tenemos los discos duros que se alimentan exclusivamente por el USB. Tienen la ventaja de que son más cómodos de usar y por tanto también fáciles de transportar. El inconveniente que tienen es que son un poco más caros en relación con los anteriores si buscamos una capacidad de almacenamiento similar.

Por lo tanto, si no vamos a mover mucho el disco duro y no nos importa tener una fuente de alimentación externa conectada, los primeros son lo que buscamos. En cambio, si vamos a mover mucho esa unidad y no nos importa sacrificar un poco el espacio, lo mejor es un disco duro alimentado por USB.

Conectividad: USB 2.0, USB 3.0, Firewire…

La velocidad a la que transmitimos nuestros archivos es una cuestión importante. La mayoría de usuarios tendremos más que suficiente con la relación de datos que ofrece el USB 2.0 pero posiblemente los más sibaritas y, por supuesto, los profesionales buscarán opciones más rápidas como el Firewire o el USB 3.0.

Por supuesto, tendremos que asegurarnos que tenemos un conector de esas características en nuestro ordenador. De nada nos vale, por ejemplo, tener un disco duro 3.0 si donde vamos a conectarlo sólo tiene 2.0.

Si en cambio queremos olvidarnos de los cables, algunos fabricantes ofrecen discos duros con conectividad Wi-Fi, con los que podemos transmitir archivos a través de nuestra red local inalámbrica. Algo muy útil si queremos utilizar esta unidad en varios ordenadores de un mismo hogar y no queremos cambiarlo de sitio.

 


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